Fútbol de ayer y de hoy

Categoría: Mundial2026

La “Generación Dorada” saca otro cero

Lo que más duele es la gente, esa interminable y alegre caravana amarilla que se acercaba al Arrowhead Stadium de Kansas City. De esos 68.598 pagantes, mínimo el 85% eran ecuatorianos. Pese al mazazo de Costa de Marfil en el estreno, igual siguió confiando en lo que le habían asegurado, que esta selección es la Generación Dorada y estaba para campeón. Que podía con España, con Francia, con Alemania, con Brasil, con Inglaterra, con todos. Y el hincha creyó. Y asistió en masa. Haciendo esfuerzos logísticos y económicos. Y llenó los estadios. Y se fue cabizbajo, rabiando, avergonzado. Ecuador 0 – Curazao 0 quedará en los anales como una de las mayores pesadillas del fútbol ecuatoriano. Aunque una multitud podrá decir “yo estuve ahí”.

No pudo hacerle un gol a Eloy Room, un arquero de 37 años que actúa en la Segunda de Estados Unidos y cuya cotización es de 150.000 euros. Cualquier próspero comerciante puede fichar a Room si le apetece. El mismo Room que había recibido 7 goles de Alemania. El mundo tiene 195 países, Curazao es el 192 por territorio (444 km²). Una expresión mínima. Hasta Cabo Verde es un paisote a su lado. La Generación Dorada no lo pudo vencer. A propósito, Dorada será el día que gane un par de Copas América, que llegue a semifinales de un Mundial. Entonces habrá justificado el mote.

“La mejor selección de la historia”, la han calificado pomposamente. Para quienes seguimos todos los partidos de Ecuador hace 37 años (desde 1989, cuando Dusan armó aquel excelente equipo en la Copa América y puso la piedra basal del Nuevo Ecuador), el plantel del Mundial 2006 era infinitamente superior a este. Tenía a Ulises De la Cruz, Antonio Valencia, Édison Méndez, el Tin Delgado, Kaviedes, Christian Benítez, Carlos Tenorio, Segundo Castillo, Iván Hurtado, Guagua, Edwin Tenorio…

Tras la derrota ante los marfileños escuchamos a un grupo de periodistas ecuatorianos decir con altivez: “Todavía se puede ganar el grupo”. “Hay que tratar de hacer la mayor cantidad de goles posible a Curazao”. Ahí está uno de los males, uno de los focos del propagandismo falso, sin argumentos: ese grupete de “comunicadores” afines a la Federación es culpable de esta engañosa fiebre amarilla. Los que van invitados al Mundial para propalar grandezas. Son prepotentes, agrandados, si alguien piensa distinto lo crucifican en las redes sociales. Son crueles, tienen la saña del ignorante. Si la Tricolor queda eliminada en primera fase en un Mundial de 48 equipos ¿qué van a decir…? ¿de qué se van a disfrazar…? El fútbol ecuatoriano, de extraordinario ascenso en los últimos veinte años, debe volver a la humildad, la que lo llevó a hacerse fuerte y respetado en Sudamérica y el mundo.

Algunos protagonistas también ayudaron a este humo gigante que se cierne sobre las ciudades norteamericanas. “Hay que mirar con naturalidad que Ecuador pueda ganar el Mundial”, dijo Beccacece en una entrevista con Rubén Cañizares, del diario ABC, de Madrid. “El próximo año ganamos el Mundial”, pronosticó Moisés Caicedo en un Tik Tok el 28 de julio de 2025.

 Lo hemos dicho hasta el hartazgo: Ecuador tiene posiblemente los mejores defensas del mundo. Que también pueden tener una tarde floja, como le pasó a Hincapié, bailado por el marfileño Diomande. A Pacho, que tuvo varias salidas incorrectas, o a Joel Ordóñez, quien jugó con una displicencia que ni Beckenbauer hubiese tenido. Y eso le costó no jugar el segundo encuentro. Muy buen elemento Ordóñez, pero, como decía Frederico Pena, un amigo brasileño (ahora representante de Vinicius) “ele cree que joga mais do que joga”. De eso peca Ordóñez. Está convencido de ser una mezcla de Baresi y Laurent Blanc.

El problema nace en el medio: hay creación cero. Beccacece reemplazó a Alan Minda (que no había desentonado y se entendió con Pedro Vite) por Jordy Alcívar. Pero Minda ya fue vendido, a Alcívar hay que venderlo. Un error de Pacho en la salida le costó a Alcívar la amarilla. Eso y la desesperación por marcar un gol llevó al técnico a sacrificar a Alcívar y poner a Kevin Rodríguez. Kevin es la mejor desmentida de que no hay ninguna Generación Dorada. Lleva 2 goles en 33 partidos internacionales. Pavoroso. Pero seguirá jugando. Porque no hay otros y porque hay que demostrar que todo lo que proviene de Independiente del Valle es bueno. Para seguir vendiendo. Lo mismo que “vender” que Moisés Caicedo podría ganar el Balón de Oro. No hay una posibilidad ni en un millón de que eso suceda. Pero sólo propagar dicho rumor les da a los nuevos productos negriazules una cotización excelente.

A propósito de Caicedo. ¿Cuándo gambeteará a un rival…? ¿Cuándo salvará al equipo en un partido embrujado como este contra Curazao…? ¿Cuándo meterá un cabezazo o un derechazo ganador que justifique tanto ensalzamiento…? ¿Cuándo irá diez metros más allá del círculo central…? ¿Cuándo se desprenderá e irá a buscar el gol como los grandes volantes de todos los tiempos…? ¿Cuándo hará algo más que entregarle la bola al que tiene al costado…? ¿Por qué no asume su responsabilidad de capitán de llevar al cuadro hacia adelante…?

El pueblo quiere la horca para Beccacece, pero él no tiene la culpa de estar ahí. No le daban los pergaminos para encargarse de una selección tan importante, sin embargo, es el tipo de técnico funcional para esta dirigencia. Dócil, hace convocatorias muy convenientes. Un mínimo ejemplo: Kendry Páez. Kendry no ha hecho méritos para estar, pero está y todos sabemos por qué. En los dos primeros partidos no fue titular, el DT hizo 4 cambios ante Costa de Marfil y 5 ante Curazao, ninguno fue Kendry Páez. Porque Beccacece tampoco come vidrio. Beccacece se irá tras el Mundial (millonario y con la chapa de entrenador mundialista) y llegará otro de sus características, ni bueno ni malo, “manejable”. Hay un vitrineo evidente. Que no es un tema menor, genera decenas de millones de dólares. No hay un banco, una empresa petrolera o bananera que le haya reportado a sus dueños más dividendos que la venta de futbolistas a algunos señores.

Y llegamos al “ataque”. La delantera, guste o no, es un solo hombre: Enner Valencia, máximo artillero histórico con 49 tantos. En los últimos 3 Mundiales Ecuador anotó solo 7 goles (los mismos que Alemania a Curazao), 6 de ellos de Enner (el 92%). Pero Enner “es un apestoso emelecista”. No tiene pasado en Independiente del Valle, de modo que, de ser posible, habría que extirparlo. En el apremio por hacer un gol que salvara el incendio, Ecuador terminó ante Curazao con 6 efectivos en ataque: Enner, Plata, Kevin Rodríguez, Nilson Angulo, Preciado como extremo derecho y Jordy Caicedo, que era una buena variante, pero le dieron los últimos 6 minutitos. Él no tiene parentesco alguno con Independiente del Valle. Todos tuvieron el mismo inconveniente que el genial Roberto Fontanarrosa, a quien le preguntaron por qué no llegó a ser futbolista: “Tenía dos problemas -respondió-. Uno era la pierna izquierda, el otro la pierna derecha”.

Una estadística causa estupor: Ecuador necesita 14 remates al arco para hacer un gol. Así es imposible ganar. A Francia, a España o a Curazao. El problema habitual es que no genera situaciones de gol, y ante los caribeños, que las generó, no supo meterla.

En el páramo de la desilusión hay tres buenas noticias: 1) sigue en pie la chance de pasar a octavos de final: ganando el último partido; 2) que Alemania ya está clasificado y pondrá muchos suplentes; 3) este Mundial ha demostrado que se puede ganar cualquier partido.

El mejor de la historia

“Es hora de que el mundo acepte que es el mejor de todos los tiempos”, dijo Ronaldo Nazario tras la exhibición de Lionel Messi ante Argelia. “En el fútbol hay grandes jugadores, hay leyendas… y luego está Messi”, reconoció Didier Deschamps. Prácticamente ya no quedan jugadores, entrenadores, exglorias u otros referentes del fútbol que no reconozcan a Leo como el uno de la historia. Por su juego, por sus logros y, sobre todo, por el tiempo en que ha hecho historia, el actual, el más difícil de todos, cuando hay más velocidad, más presión de marca, más intensidad, más preparación, más información del rival y mayor grado de oposición en todo sentido.

Messi hace 3 años viene deslumbrando en Estados Unidos y todos dijeron “claro, pero está en una liga que es un cementerio de jugadores”, o “ahí juegan solteros contra casados”. La MLS es la liga de mayor crecimiento mundial, y es la cantera de la Selección de Estados Unidos, que acaba de arrollar a Paraguay con un festival de fútbol. Vemos todos los partidos de la MLS y Leo hace cosas asombrosas en el Inter Miami. Por ello no nos asombra el extraordinario debut del 10 ante Argelia con tres goles.

A los 39 años (los cumple este martes 24), el genio de Rosario está en uno de sus momentos más lúcidos futbolísticamente. Ve jugadas y pases que nadie más logra imaginar en el campo. Y luce físicamente impecable. Lionel Scaloni ha trazado una táctica brillante: está haciendo jugar a Messi como delantero suelto, por todo el frente, sin posición fija y sin obligación de correr. Los demás corren por él. Leo corre solo en la maniobra personal o cuando va a buscar el pase. Para evitar el desgaste físico. Y también para que no tenga que arrancar del medio armando el juego. En el Inter Miami tiene que hacer todo y baja hasta el centro del campo. Puede que haga muchos goles jugando así en este Mundial, libre de otras obligaciones que no sean armar la jugada de gol recién en el borde del área.

Pelé anunció su retiro de la Selección Brasileña a los 29 años, al terminar el Mundial del ‘70. Luego, a mediados del ’71, le organizaron dos partidos de despedida, uno en el Maracaná y otro en el Morumbí. Pero esos ya eran encuentros de homenaje. Realmente se retiró en 1970, a los 29. Maradona también se había alejado de la Selección muy temprano, en Italia ‘90. Volvió a ponerse la albiceleste con 33 en el Mundial ’94, pero ya estaba de vuelta. Y con 33 dijo adiós. Nadie, a los 39 años, jugó como Messi ahora. Eso el fútbol nunca lo vio. Es un caso inédito de longevidad y pasión por el juego.

Según el listado de Transfermarkt, hay 815 jugadores en el mundo con mejor cotización que Messi. Pero ninguno se le acerca en calidad, talento y rendimiento. No sólo es el mejor de la historia, también es el mejor del mundo hoy, a los 39. Y ojo con el Balón de Oro…

Optimismo, no triunfalismo

Que hace treinta años alguien pensara que un partido Costa de Marfil-Ecuador en campo neutral congregaría casi 70.000 almas con boletos a precios obscenos no entraba siquiera en el campo de la ciencia ficción. Pero pasó. Esto habla del fervor nacional por el once tricolor. De los 68.274 espectadores presentes en el estadio de Filadelfia quizás el 90% -o más- eran ecuatorianos. Muchos pidieron préstamos y se endeudaron para viajar al Mundial y comprar sus entradas. A último momento, boletos de 445 dólares se revendieron a 2.300. Y se agotó la taquilla. El Lincoln Financial Field era desde el aire un impactante mosaico amarillo. Reflejo de que Ecuador no sólo creció futbolísticamente sino como mercado, como afición.

Toda esa muchedumbre feliz y orgullosa de su selección salió al final decepcionada, malhumorada, triste, se sintió estafada. Le habían vendido la idea de que Ecuador iba a ser campeón del mundo y lo demostraría de arranque. Decenas de miles compraron. Alguien, muy interesado, prendió la mecha del entusiasmo y este se propagó como un incendio. “Al menos llegar a la final o, como mínimo, la semifinal”, era la exigencia. Pero cayó en el estreno y complicó sus aspiraciones. La desazón fue triple: por la montaña de ilusión, por la derrota y porque devino en el último minuto.

Semejante aspiración (de título o de semifinales) sufrió una primera colisión ante Costa de Marfil ya en el debut. ¿Qué sucedió…? Se exageraron las capacidades propias y no se tuvieron en cuenta debidamente las ajenas. Ecuador venía de vencer a una blandísima Guatemala, número 97 del Ránking Mundial, en tanto Costa de Marfil, diez días antes, había vencido a Francia en Nantes. Una Francia que se despedía de su público y salió como tromba a ganar, con todas sus estrellas: Mbappé, Cherki, Olise, Doué, Dembelé, Barcolá… Y le dio vuelta el resultado. Sólo ese antecedente obligaba a bajar los decibeles de euforia. Como añadido, vaya que Costa de Marfil tiene mejores individualidades que Ecuador de mediocampo en adelante. 

De entrada, se notó una diferencia física. A nivel sudamericano Ecuador logra imponer su biotipo, con los marfileños no pudo, son muy superiores y hacen sentir el rigor en cada duelo, trabada o forcejeo. Ya ahí había una disminución de posibilidades. Ecuador fue exactamente lo que ya todos sabemos: un conjunto rocoso, que trabaja bien cortando juego en el medio, muy fuerte defensivamente, al que es dificilísimo marcarle un gol, pero al que también le cuesta horrores convertir por falta de creación en tres cuartos de cancha. Y la defensa no fue la de siempre. El joven Yan Diomandé (19 años, ya lo pelean varios grandes de Europa) enloqueció a Hincapié, se la mostraba, amagaba salir para un lado y se iba por el otro. (Hincapié es un crack internacional, pero le cuesta cuando le amagan). En el segundo tiempo cambió de punta y desequilibró también a Ordóñez.

Incluso Pacho no mostró su brillantez habitual: falló tres veces en la salida con pelota dominada. Y ninguno de los del fondo atinó a salir al cruce en el pase del gol, Diallo recibió bastante cómodo ya dentro del área.

El primer tiempo fue equilibrado, pero más punzante Ecuador, con dos remates al travesaño. En el primero, Yeboah vio que Agbadou se enredaba con la bola, lo apretó, se la robó y sacó un zurdazo que devolvió el madero. El segundo fue la mejor maniobra de ataque tricolor, en la cual Pedro Vite (el más interesante en materia creativa) filtró un pase precioso para Alan Minda, cuyo derechazo dio de nuevo en el horizontal. Una pena. Era todo muy promisorio hasta ahí.

El segundo período ya fue claramente de Costa de Marfil, que impuso el ritmo y tuvo más aire para terminar el partido. Lo muestra la corrida notable de Singo por derecha, que cabalgó cincuenta metros para servirle el pase al ras a Amad Diallo y éste lo convirtió en triunfo tocando de primera. Si la paraba no hubiera sido gol, tocando rápido sorprendió a defensa y arquero. Diallo marcó también el gol de la victoria ante Francia. Y aquí un alto: cuando el técnico marfileño hizo cambios para potenciar el ataque y ganar el partido echó mano a Amad Diallo, figura del Manchester United, y a Bonny, campeón con el Inter de Milán. Cuando Beccacece necesitó gente fresca e ideas nuevas miró al banco y ¿qué había…? Poco o nada: Nilson Angulo, Kevin Rodríguez. Mucha diferencia de categoría. Kevin tiene 2 goles en 32 partidos, sin palabras. ¿Kendry Páez…? Kendry no está para entrar y dar vuelta la historia frente a estos colosos de Costa de Marfil. En verdad, si a la selección se llega por mérito, sus recientes dos temporadas no han justificado siquiera entrar en la lista.

Sobre los cambios, no parece acertada la sustitución de Enner Valencia. Cuando un equipo necesita ganar o va perdiendo, nunca sale el goleador. Esté como esté. No es que estuviera jugando bien, pero no recibió siquiera un pase decente, con ventaja. Tampoco pareció que Minda estuviese para salir; se estaba entendiendo con Vite.

En la última Eliminatoria la selección tricolor presentó una tarjeta defensiva de asombro, sólo 5 goles en contra en 18 juegos, récord histórico, aunque con apenas 14 a favor, esto es 0,78 gol por cotejo. Nadie gana 0,78 a cero. Sólo Perú y Chile, los dos últimos, marcaron menos, Perú con pavorosos 6 goles y Chile con 9. Defendiendo bien se pueden evitar derrotas, para ganar se necesitan goles. ¿Cómo llegar al gol…? Con mayor insistencia ofensiva, con buenas individualidades, con armadores talentosos que generen situaciones para los atacantes, con rematadores que prueben desde afuera, de pelota parada… O con defensores que se desprendan y pasen al ataque con decisión y espíritu ofensivo, como Singo en el tanto marfileño. Cuando no hay nada de eso, es tarea del técnico idear variantes tácticas. No las hubo. Lo hemos señalado varias veces: no tiene suerte Ecuador con los técnicos que elige su dirigencia.

“Es un grupo accesible”, se dijo tras el sorteo, en diciembre. Pero todo se complicó en el primer partido, pues éste tenía una característica especial: se jugaba ante el rival directo. A Curazao se le puede ganar, desde luego, sin embargo, es posible que todos le ganen, con lo cual esos puntos no cuentan. Cuenta el duelo con Alemania. Y si hubiere empate con Costa de Marfil, prevalecerán los africanos en la tabla pues desde este Mundial hay nueva norma: en caso de empate en puntos clasifica mejor el que haya ganado el juego entre sí. Aparte, para tomar una ruta accesible desde dieciseisavos de final hay que salir primero en el grupo. Los terceros deberán jugar luego ante un ganador de zona. Algo es seguro: puede que Alemania llegue a la última fecha ante Ecuador estando ya clasificado, pero igual se empleará a fondo pues todos los grandes buscan ganar el grupo para tener luego el camino más aliviado posible.

“El país está destrozado por esta derrota, hay tristeza, pero también rabia e indignación”, dice un compañero del diario. La derrota es un palo durísimo, tan duro como el que recibió Paraguay ante Estados Unidos o el de España ante Cabo Verde. Los Mundiales son difíciles, hay que ir con confianza, nunca confiados.

Parecía Holanda del ’74

Si Rinus Michels hubiese podido levantarse de su tumba y ver Estados Unidos 4 – Paraguay 1 habría vuelto a descansar satisfecho: “Mi Fútbol Total no ha muerto”. No, el viernes lo reeditó la selección norteamericana con una exhibición que impactó al planeta: fue una armónica, preciosa y aplastante demostración de dinámica, juego asociado, dominio abrumador, decenas de llegadas al área rival, superioridad física, mental y futbolística. Nos recordó mucho a aquella Naranja Mecánica que deslumbró en el Mundial ’74 y presentó al mundo una nueva forma de practicar este deporte, que lo dividió en un antes y un después.

 El equipo de Mauricio Pochettino regaló una actuación lujosa. Redujo a Paraguay a una expresión ínfima, casi ridícula. Parecía Zaire en 1974. La Albirroja tiene en su historial una mancha fea: en Suecia 1958 cayó ante Francia 7 a 3. No vimos aquello, aunque seguro no fue tan humillante como lo de este viernes en Los Angeles. En el palco, junto a Gianni Infantino y Marco Rubio, el presidente paraguayo Santiago Peña trataba de absorber el golpe con flema y dignidad. Por dentro masticaba ladrillos. Porque el fútbol no es solamente un deporte, sino mucho más que eso, refleja la identidad nacional, en ese momento golpeada de modo inmisericorde. 

Fue 4 a 1, pero si era 8 a 1 estaba perfecto, acorde al trámite. La memoria se acciona enseguida y empieza a pensar hacia atrás. No recordamos otro arrasamiento tan brutal. Nos viene a la mente aquel cruel Hungría 10 – El Salvador 1 de España ’82. No obstante el resultado catástrofe, El Salvador mostró al mundo esa tarde a Jorge González, El Mágico, un crack maradoniano. Sólo su vida de excesos e indisciplinas le impidió ser una estrella mundial. Tan fenomenal era El Mágico que Juan José Panno, periodista de El Gráfico enviado a Elche a cubrir el partido, lo dio como la figura pese al 1-10. Lo calificó con 8 puntos, igual que a Tibor Nyilasi, autor de dos goles. Pero con el salvadoreño como jugador más destacado. En cambio, lo de Paraguay fue el páramo, la nada. 

Este aniquilamiento habla muy mal del fútbol sudamericano. Paraguay fue considerado la revelación de la Eliminatoria Sudamericana pese a terminar sexto. Y marcando apenas 14 goles en 18 cotejos, a 0,78 gol por partido. Juan José Cáceres, el lateral derecho que resultó arrasado por Pulisic en el primer tiempo y por Antonee Robinson en el segundo, era suplente en Lanús y titular en la Selección Paraguaya. Algo no coincidía. Ante USA se vio la modestia de ciertas individualidades. Para Paraguay es un golpe de nocáut porque queda maltrecho para conseguir incluso el tercer puesto que da acceso a los dieciseisavos de final. Le quedan dos rivales bravísimos: Turquía y Australia. 

Todo ello agravado porque se había desatado una euforia nacional sin límites, casi insólita, azuzada también por el verbo grandilocuente de su técnico Gustavo Alfaro, constructor de castillos invisibles. Se apeló mucho a “la histórica garra paraguaya”. Pero ahora con garra sola no alcanza. Hay que jugar con movilidad, ideas tácticas y aptitudes técnicas. Antes del duelo, hinchas guaraníes eran entrevistados por ESPN al llegar al SoFi Stadium y mostraban un optimismo colosal: “Ganaremos 3 a 1”, decían algunos. Otros apostaban por el 2 a 0. Todos con una seguridad absoluta. La despedida del plantel en Asunción fue grandiosa, seguros todos de hacer historia.

Aparte, en Sudamérica existe la creencia de que la Concacaf es un continente de cuarta categoría futbolísticamente. Sin embargo, el fútbol, como la tecnología, está cambiando a gran velocidad. Es verdad que fueron locales, pero los tres representantes de Concacaf aprobaron con nota alta. México, aunque sin brillar, ganó bien a Sudáfrica. Canadá gustó mucho y superó claramente en el desarrollo a República Checa, aunque cedió un empate, y Estados Unidos, lo dicho, subyugó.

Vaya un extraordinario reconocimiento a la MLS, que es vista en América del Sur como un “cementerio de futbolistas”. “Esa liga es un chiste”, dicen. “Juegan solteros contra casados”. Pero, según Opta, la prestigiosa empresa británica de análisis deportivo, la MLS es la liga de mayor crecimiento mundial. Y de esta liga han salido 25 de los 26 futbolistas estadounidenses que sometieron a Paraguay. La MLS aportó dos titulares, el arquero Matt Freese (New York City) y el capitán y zaguero Tim Ream (Charlotte FC); Sebastian Berhalter (Vancouver Whitecaps) entró en el ST. Otros cinco estaban en el banco: Miles Robinson (Cincinatti), Cristian Roldán (Seattle Sounders), Maximilian Arfsten (Columbus Crew), Chris Brady (Chicago Fire) y Matt Turner (New England Revolution). Otros 17, que ahora actúan en Europa, están ahora en Europa pero salieron de la liga local. 

No es un chiste ni un cementerio. La norma de 23 años permitió que los clubes pudieran contratar hasta cuatro futbolistas sub 22 sin límite de contrato ni de fichaje. Esto rejuveneció la competición y la tornó físicamente más fresca, más fuerte. Desde 1996 Invirtieron 11.000 millones de dólares en infraestructura y crecen las escuelas de fútbol. Cuidan todos los detalles, eso la mejora cada temporada y se traduce en el nivel de la Selección. Hace 7 meses Estados Unidos goleó a Uruguay 5 a 1. Paraguay tal vez no tomó nota. O la tomó, pero fue impotente de todas maneras.

Gustavo Alfaro declaró tras el duro golpe: “Nos superaron en el plano táctico, técnico y físico”. Cierto, también agregaríamos el anímico. Y amplió: “Hay determinados niveles donde con el orden defensivo, la garra, la templanza y el correr no te alcanza”. Es que no hubo orden defensivo ni garra ni lo demás. El partido se jugó casi íntegramente en campo paraguayo. De este palo emocional no se sale con charlas nomás. El jugador pasa a dudar de todo lo hablado y practicado en cuestiones tácticas, incluso de sus capacidades.

Mención de honor para Christian Pulisic (del Milan AC), que hizo lo que quiso en la banda izquierda con habilidad e inteligencia. Para Folarin Balogun (Mónaco), autor de dos golazos. Para Sergiño Dest (PSV Eindhoven). Para Weston McKennie (Juventus). Para Giovanni Reyna (Borussia Mönchengladbach), autor del maravilloso cuarto tanto. Y especialmente para el sensacional lateral izquierdo Antonee Robinson (Fulham), que compuso un festival de fútbol por su costado, cortando juego y elaborando bonitas jugadas de ataque. Fue un fútbol proactivo y modernísimo en el de los dirigidos por Pochettino, con enorme porcentual físico, pero pleno de belleza. A propósito de Pochettino, hasta hace unos meses se dudaba mucho de su capacidad. Con esto tapa todas las bocas.

Lo escribimos: este es un Mundial abierto. Hay muchos postulantes, puede haber un campeón nuevo. Y ojo con Estados Unidos. Jugando así se agrega a la lista de candidatos.

Hola, Mundial, ¡bienvenido…!

A Estados Unidos habría que concederle desde ahora el Mundial del 2326. Para asegurarse que por trescientos años no vuelva a albergarlo. No es el país más adecuado para hospedar un Mundial. Por su elefantismo y por las distancias siderales entre las ciudades sedes. ¡Que son once…! Es incómodo, impráctico, tortuoso. De Seattle a Miami hay 4.395 km en línea recta. Mil más que de Madrid a Moscú. Es como si se organizara una edición Italia-Brasil 2048, hoy un partido en Milán, mañana uno en San Pablo, pasado en Florencia y luego en Porto Alegre. Se pierde la noción de sede, que representa uno de los atractivos de esta fiesta deportiva. El origen de todo es Olimpia, la ciudad de Grecia donde se realizaban los antiguos Juegos Olímpicos cada cuatro años. De allí surge la idea madre de estos eventos deportivos universales: aglutinar deportistas y espectadores en un solo sitio. Canadá, Estados Unidos, México 2026 es la antípoda.

Por eso y porque todo es carísimo en USA. En exceso. Que sumado al desmesurado afán recaudador le quita al fútbol su esencia popular, uno de sus costados más bellos. El fútbol es de todas las clases, pero los Mundiales se han transformado en eventos exclusivos para millonarios. Como añadido, de cada diez noticias que emanan del torneo, la mitad tiene que ver con dinero. Los miles de dólares que vale una entrada para la final, los miles de millones que generará el torneo, la fortuna que cuestan los derechos de transmisión, etcéteras varios. Se habla más de dinero, de corporaciones, de negocios, de ingresos, que del juego. Todo ello potenciado por Gianni Infantino, el omnipresente titular de la FIFA. Gianni está feliz, ama a Benjamin Franklin (el de los billetes de 100), vive en Miami y es amigo de Donald Trump. Y en 2030 nos espera un Mundial en seis países.

“Los Mundiales se han convertido en un espectáculo desagradable en general por las dificultades logísticas que presentan en el entorno administrativo corrupto del fútbol. Lo noté como un shock cuando pasé del Mundial de Catar a los Juegos Olímpicos de París. La noche y el día. Un evento pensado para las élites frente a otro ideado para los deportistas, los seguidores y la comunidad que los acoge”, nos dice Diego Torres, notable periodista de El País, de Madrid.

En favor de la estadounidense, dígase que es una nación que ama profundamente el deporte y va en camino a convertirse en futbolera. El fútbol es como una enredadera que va avanzando sin pausas, termina cubriendo todo el muro. Pasó en Venezuela, el fútbol era el quinto deporte detrás del béisbol, el box, el básquetbol y el atletismo. Finalmente los aplastó. Así fue en todos los países donde no era el más popular. Algún día no lejano Estados Unidos se le rendirá.

Este Mundial tiene, prima facie, dos caras, la deportiva, que es la pulpa, y la organización, que es la cáscara. La segunda está presidida por un casi obsceno afán recaudador. Por esto mismo será el Mundial más rentable de la historia. La FIFA espera embolsar para sí 9.000 millones de dólares. Entradas, parqueos, hoteles, taxis, vuelos, mercadeo… Todo rubro es apto para enriquecerse. Un mínimo ejemplo: el Fan Fest. Es un espacio para los hinchas que no tienen entrada y pueden reunirse en un parque o un amplio lugar abierto, ver el partido en pantallas gigantes, con música, juegos, actividades diversas y disfrutar de servicios y locales gastronómicos. Alemania los montó por primera vez en 2006 en cada una de las ciudades sede y fue un éxito notable, al punto de que FIFA, en adelante, adoptó los Fan Fests como parte complementaria del torneo. Es una forma de ampliar el alcance del Mundial a muchos miles más, pues en los estadios no hay lugar para todos los que desean estar. En ocasiones hay más gente en el Fan Fest que en el partido mismo. Van cien mil o más aficionados. Un acierto notable. Están a cargo de las alcaldías. Siempre fueron gratuitos. Esta vez será pago y costará entre 10 y 12,50 dólares el ingreso en Nueva York y Los Angeles. Hay una voracidad mercantil exagerada. Quizás no del país, sí de la empresa privada.

Las críticas europeas, sobre todo francesas, como siempre, son descomunales. Todo lo que no se hace en Europa debe ser condenado. París, recordamos, fue anfitrión de la final de Champions 2022 entre Real Madrid y Liverpool donde decenas de miles de espectadores españoles e ingleses fueron robados y agredidos salvajemente por ejércitos de delincuentes sin que la policía atinara a algo más que observar. Y hace dos semanas vimos como casi se incendia la ciudad de la Torre Eiffel tras la victoria del PSG sobre el Arsenal.

Desde luego, cuando empieza a rodar el balón, el juego acapara la atención general. Ahora los Mundiales son televisivos, lo que acontece detrás de cámaras o de las tribunas hacia afuera a los centenares de millones de espectadores de todo el mundo no les interesa porque además no lo ven. Les importa el show futbolístico y sobre el césped puede ser un Mundial abierto a una docena de pretendientes al título. Hace cuarenta años o más había cuatro aspirantes a la corona: Alemania, Italia, Brasil y Argentina. Y punto. Mucho después, afortunadamente, se agregaron España y Francia y hoy son grandes animadores. Tanto que lideran el favoritismo para quedarse con la corona. No obstante, aparte de los que ya fueron campeones alguna vez hay que contar a otros aspirantes, lo que llamamos el nivel B: Portugal, Noruega, Marruecos, Japón, Senegal, Bélgica, Costa de Marfil… Tenemos en muy alto concepto a Ecuador, Uruguay y Colombia. Esto le confiere un atractivo adicional. Todas las selecciones han perdido el miedo a los grandes. Lo demostró Arabia Saudita en 2022 venciendo a Argentina con autoridad, Japón a España y Alemania, Túnez a Francia, Australia a Dinamarca, Marruecos tumbó a Bélgica primero y luego eliminó a España. Son demasiados casos en un solo Mundial.

Será un torneo de largo aliento: 8 partidos y 39 días para dar la vuelta olímpica. El que llegue y logre permanecer los 39 con mayor frescura física hará diferencia. Y en esto pueden prevalecer las selecciones con mayor componente afro, sin duda la raza atléticamente más apta. Casi todo el planeta dice que el campeón no saldrá de España o Francia. El primero por juego, el segundo por jugadores. Pero no les será tan placentero, Brasil, Alemania, Argentina, Inglaterra tienen cosas que decir. Nadie podrá ver los 104 partidos, habrá que elegir uno, tal vez dos por día.

Hoy, el fabuloso estadio Azteca alojará 87.000 almas para escenificar México-Sudáfrica. La construcción del colosal escenario del DF comenzó en 1962, pero luce cada vez más imponente. Es el único lugar que levantará por tercera vez el telón de un Mundial, antes, en 1970 y 1986. Un honor notable. México tiene tradición de organizador eficiente de grandes eventos. En 1964, cuando fue designado sede para 1970, se comprometió a construir un recinto grandioso (el Azteca) y a televisar los partidos al mundo entero en directo. Cumplió. Desde entonces le confían. Y fue el primero en montar el Mundial y los Juegos Olímpicos de manera consecutiva para aprovechar infraestructura y cuadros organizativos. Luego lo hicieron Alemania (1972 y 1974), Estados Unidos (1994 y 1996). México y Canadá tendrán 13 partidos cada uno, los 78 restantes en la patria de Washington.

Llegó el día, ¡bienvenido Mundial…!

© 2026 Jorge Barraza

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