Que hace treinta años alguien pensara que un partido Costa de Marfil-Ecuador en campo neutral congregaría casi 70.000 almas con boletos a precios obscenos no entraba siquiera en el campo de la ciencia ficción. Pero pasó. Esto habla del fervor nacional por el once tricolor. De los 68.274 espectadores presentes en el estadio de Filadelfia quizás el 90% -o más- eran ecuatorianos. Muchos pidieron préstamos y se endeudaron para viajar al Mundial y comprar sus entradas. A último momento, boletos de 445 dólares se revendieron a 2.300. Y se agotó la taquilla. El Lincoln Financial Field era desde el aire un impactante mosaico amarillo. Reflejo de que Ecuador no sólo creció futbolísticamente sino como mercado, como afición.
Toda esa muchedumbre feliz y orgullosa de su selección salió al final decepcionada, malhumorada, triste, se sintió estafada. Le habían vendido la idea de que Ecuador iba a ser campeón del mundo y lo demostraría de arranque. Decenas de miles compraron. Alguien, muy interesado, prendió la mecha del entusiasmo y este se propagó como un incendio. “Al menos llegar a la final o, como mínimo, la semifinal”, era la exigencia. Pero cayó en el estreno y complicó sus aspiraciones. La desazón fue triple: por la montaña de ilusión, por la derrota y porque devino en el último minuto.
Semejante aspiración (de título o de semifinales) sufrió una primera colisión ante Costa de Marfil ya en el debut. ¿Qué sucedió…? Se exageraron las capacidades propias y no se tuvieron en cuenta debidamente las ajenas. Ecuador venía de vencer a una blandísima Guatemala, número 97 del Ránking Mundial, en tanto Costa de Marfil, diez días antes, había vencido a Francia en Nantes. Una Francia que se despedía de su público y salió como tromba a ganar, con todas sus estrellas: Mbappé, Cherki, Olise, Doué, Dembelé, Barcolá… Y le dio vuelta el resultado. Sólo ese antecedente obligaba a bajar los decibeles de euforia. Como añadido, vaya que Costa de Marfil tiene mejores individualidades que Ecuador de mediocampo en adelante.
De entrada, se notó una diferencia física. A nivel sudamericano Ecuador logra imponer su biotipo, con los marfileños no pudo, son muy superiores y hacen sentir el rigor en cada duelo, trabada o forcejeo. Ya ahí había una disminución de posibilidades. Ecuador fue exactamente lo que ya todos sabemos: un conjunto rocoso, que trabaja bien cortando juego en el medio, muy fuerte defensivamente, al que es dificilísimo marcarle un gol, pero al que también le cuesta horrores convertir por falta de creación en tres cuartos de cancha. Y la defensa no fue la de siempre. El joven Yan Diomandé (19 años, ya lo pelean varios grandes de Europa) enloqueció a Hincapié, se la mostraba, amagaba salir para un lado y se iba por el otro. (Hincapié es un crack internacional, pero le cuesta cuando le amagan). En el segundo tiempo cambió de punta y desequilibró también a Ordóñez.
Incluso Pacho no mostró su brillantez habitual: falló tres veces en la salida con pelota dominada. Y ninguno de los del fondo atinó a salir al cruce en el pase del gol, Diallo recibió bastante cómodo ya dentro del área.
El primer tiempo fue equilibrado, pero más punzante Ecuador, con dos remates al travesaño. En el primero, Yeboah vio que Agbadou se enredaba con la bola, lo apretó, se la robó y sacó un zurdazo que devolvió el madero. El segundo fue la mejor maniobra de ataque tricolor, en la cual Pedro Vite (el más interesante en materia creativa) filtró un pase precioso para Alan Minda, cuyo derechazo dio de nuevo en el horizontal. Una pena. Era todo muy promisorio hasta ahí.
El segundo período ya fue claramente de Costa de Marfil, que impuso el ritmo y tuvo más aire para terminar el partido. Lo muestra la corrida notable de Singo por derecha, que cabalgó cincuenta metros para servirle el pase al ras a Amad Diallo y éste lo convirtió en triunfo tocando de primera. Si la paraba no hubiera sido gol, tocando rápido sorprendió a defensa y arquero. Diallo marcó también el gol de la victoria ante Francia. Y aquí un alto: cuando el técnico marfileño hizo cambios para potenciar el ataque y ganar el partido echó mano a Amad Diallo, figura del Manchester United, y a Bonny, campeón con el Inter de Milán. Cuando Beccacece necesitó gente fresca e ideas nuevas miró al banco y ¿qué había…? Poco o nada: Nilson Angulo, Kevin Rodríguez. Mucha diferencia de categoría. Kevin tiene 2 goles en 32 partidos, sin palabras. ¿Kendry Páez…? Kendry no está para entrar y dar vuelta la historia frente a estos colosos de Costa de Marfil. En verdad, si a la selección se llega por mérito, sus recientes dos temporadas no han justificado siquiera entrar en la lista.
Sobre los cambios, no parece acertada la sustitución de Enner Valencia. Cuando un equipo necesita ganar o va perdiendo, nunca sale el goleador. Esté como esté. No es que estuviera jugando bien, pero no recibió siquiera un pase decente, con ventaja. Tampoco pareció que Minda estuviese para salir; se estaba entendiendo con Vite.
En la última Eliminatoria la selección tricolor presentó una tarjeta defensiva de asombro, sólo 5 goles en contra en 18 juegos, récord histórico, aunque con apenas 14 a favor, esto es 0,78 gol por cotejo. Nadie gana 0,78 a cero. Sólo Perú y Chile, los dos últimos, marcaron menos, Perú con pavorosos 6 goles y Chile con 9. Defendiendo bien se pueden evitar derrotas, para ganar se necesitan goles. ¿Cómo llegar al gol…? Con mayor insistencia ofensiva, con buenas individualidades, con armadores talentosos que generen situaciones para los atacantes, con rematadores que prueben desde afuera, de pelota parada… O con defensores que se desprendan y pasen al ataque con decisión y espíritu ofensivo, como Singo en el tanto marfileño. Cuando no hay nada de eso, es tarea del técnico idear variantes tácticas. No las hubo. Lo hemos señalado varias veces: no tiene suerte Ecuador con los técnicos que elige su dirigencia.
“Es un grupo accesible”, se dijo tras el sorteo, en diciembre. Pero todo se complicó en el primer partido, pues éste tenía una característica especial: se jugaba ante el rival directo. A Curazao se le puede ganar, desde luego, sin embargo, es posible que todos le ganen, con lo cual esos puntos no cuentan. Cuenta el duelo con Alemania. Y si hubiere empate con Costa de Marfil, prevalecerán los africanos en la tabla pues desde este Mundial hay nueva norma: en caso de empate en puntos clasifica mejor el que haya ganado el juego entre sí. Aparte, para tomar una ruta accesible desde dieciseisavos de final hay que salir primero en el grupo. Los terceros deberán jugar luego ante un ganador de zona. Algo es seguro: puede que Alemania llegue a la última fecha ante Ecuador estando ya clasificado, pero igual se empleará a fondo pues todos los grandes buscan ganar el grupo para tener luego el camino más aliviado posible.
“El país está destrozado por esta derrota, hay tristeza, pero también rabia e indignación”, dice un compañero del diario. La derrota es un palo durísimo, tan duro como el que recibió Paraguay ante Estados Unidos o el de España ante Cabo Verde. Los Mundiales son difíciles, hay que ir con confianza, nunca confiados.